Ø Exclusión
La exclusión parte de la idea de que existen
personas “normales” y otras que no lo son. En consecuencia, las personas con
diversidad funcional quedan fuera de la sociedad al no
considerarse “normales”.
Desde esta perspectiva, aparecen términos como impedidos,
discapacitados, minusválidos, inválidos y todas las palabras que
implican que tener una discapacidad es ser considerado inferior,
perder derechos básicos y no ser parte de la sociedad.
Ø Segregación
Segregar significa separar, apartar
a alguien de algo o una cosa de otra. De esta manera el
segregacionismo separa, excluye y aparta grupos tales como las mujeres, las
minorías raciales, las minorías religiosas y las personas con discapacidades del resto de la población con
argumentos de tipo sexual, racial, religioso, o ideológico.
Ø Integración
Se mantiene la idea de “normalidad”, pero se
considera que las personas que logren adaptarse serán consideradas
parte de la sociedad. En cuanto más rehabilitada y “normal” sea, se
encontrará más integrada.
Ø Inclusión
Este término a veces se confunde con la
integración. Sin embargo, la inclusión va un poco más allá. La
inclusión se asocia a la capacidad de las personas de aceptar al otro y
convivir en armonía aceptando las diferencias. Si la misma sociedad
promueve entornos inclusivos, las barreras no existen y todas
las personas se encuentran incluidas, ya que cuentan con las mismas
oportunidades.
La inclusión no se centra en la discapacidad o diagnóstico
de la persona. Se centra en sus capacidades. Se basa en los principios
de equidad y cooperación. La inclusión acepta a cada uno tal y como
es, reconociendo a cada persona sus características individuales sin intentar acercarle
a un modelo de ser, pensar y de actuar “normalizado”. La heterogeneidad es
entendida como normal. Por ello se plantea el reconocimiento y valoración
de la diversidad como un derecho humano.
Un poco de historia: exclusión, segregación,
integración, inclusión ¿Solo palabras?
A lo largo del
tiempo, el concepto y las representaciones sociales sobre la discapacidad
fueron modificándose al igual que los contextos sociales.
Podemos
encontrar tres grandes paradigmas o formas de pensar el concepto de
discapacidad que se han dado en nuestra historia y aún coexisten:
>> Modelo de prescindencia
En la Edad
Antigua, las personas con discapacidad no tenían ningún valor y eran
“desechadas”, abandonadas a su suerte. En algunas ocasiones, usados como
bufones o condenados a la mendicidad. Con el correr del tiempo, las personas
con discapacidad comenzaron a ser consideradas como sujetos de cuidado pasivo,
es decir, sin capacidad de decisión. Para ello, se crearon instituciones
especiales que cumplían la función de atender las necesidades de estos sujetos
considerados “especiales”.
>> Modelo Médico Rehabilitador
Con el avance de
las ciencias, las personas con discapacidad comenzaron a ser objeto de la
medicina: sujeto de diagnóstico y tratamiento rehabilitador.
Este modelo sostiene la idea de norma o “anormalidad”. Cuanto más rehabilitada
sea la persona, más integrada podrá estar a la sociedad.
Esta etiqueta médica, determina la vida de las personas con discapacidad, su
educación, trabajo, capacidad jurídica y política.
En este modelo se habla de personas con capacidades diferentes o necesidades
especiales, dos formas de nombrar a ese “otro” como diferente.
Se trata de formas imprecisas de referirnos, ya que todas y cada una de las
personas tenemos capacidades y necesidades particulares que deben ser tenidas
en cuenta para el desarrollo personal y contextualizado.
>> Modelo Social
Esta mirada
considera que la discapacidad no es un problema de la persona y de sus
características, al contrario, es un problema de nuestras sociedades.
La discapacidad surge en la interacción de la persona con su entorno, del
encuentro entre las características de la persona y el diseño o propuestas de
la sociedad en la que vive.
Este modelo propone remover esas barreras para lograr la plena inclusión y
participación de todos, en todos los ámbitos de la vida.
Desde este modelo es responsabilidad de toda la sociedad que cada uno de sus
integrantes pueda vivir y desarrollarse con igualdad de oportunidades.
Para lograrlo, se deben disminuir las barreras que obstaculizan la
participación y autonomía.
Inclusión
es lograr una justa convivencia de todos y cada uno de los miembros de la
sociedad.
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